El día que Amelia y Maximilian habían esperado, el momento en que su amor, forjado en la adversidad y el entendimiento, finalmente se sellaría. Lejos de cualquier formalidad impuesta, esta boda era un testimonio de su conexión inquebrantable.
Amelia, en la suite nupcial, se miraba en el espejo. El vestido de novia, un diseño sencillo pero elegante que abrazaba su figura con gracia, no la disfrazaba, sino que realzaba la mujer fuerte y serena en la que se había convertido.
Además de que se n