Después de pensarlo durante un largo rato, Amelia decidió que ir a ver a su padre sería lo correcto. Enfrentarse siempre a la situación era lo idóneo, mucho mejor que esconderse como una cobarde. Por eso, cuando el día laboral había culminado, abandonó la oficina con una determinación férrea, dispuesta a manejar hasta la casa de su padre. Sin embargo, el destino, o la casualidad, la encontró con Maximilian en el estacionamiento. Otra vez sintió esa necesidad imperiosa de acercarse a él, de pre