Isabella observó cómo los paramédicos subían a Natalia a la ambulancia con la misma expresión de hastío con la que miraba a su hermana desde hacía años.
Cruzó los brazos, suspirando con fastidio, mientras Delia terminaba de dar las indicaciones para que llevaran a Natalia al hospital.
—A Natalia siempre le gusta llamar la atención —murmuró, sin preocuparse de que la escucharan.
La frialdad de su tono resonó en el silencio incómodo que había dejado la sirena de la ambulancia al apagarse.
Simón