Keiden estacionó su auto frente a la casa de Natalia y rápidamente fue a abrirle la puerta con una sonrisa calmada. Nathan brincó emocionado desde el asiento trasero, y Natalia no pudo evitar sonreír al verlo tan entusiasmado.
—Gracias por acompañarnos, Keiden —dijo Natalia, intentando sonar casual.
—Para nada, Natalia. Hoy más que nunca creo que necesitas distraerte —respondió él, mientras cerraba la puerta del auto y ayudaba a Nathan a subir los escalones de la entrada.
Una vez dentro, Keide