Keiden, ajeno a las emociones que bullían en Simón, se acercó a Natalia.
—Escuché tu mensaje de voz —dijo, con un tono algo más sereno pero igual de preocupado.
—¿Mi mensaje de voz? —repitió Natalia, frunciendo el ceño. De pronto, un recuerdo fugaz atravesó su mente: no había terminado la llamada cuando el policía apareció en su puerta. Obviamente, la llamada se fue al buzón.
—El oficial dijo que te llevarían a la estación —continuó Keiden, explicándose—. Averigüé cuáles eran las más cerca