Natalia cerró la puerta de su despacho detrás de ella, tomándose un segundo para prepararse mentalmente. Su expresión estaba fría y serena cuando avanzó hacia él.
Simón estaba de pie junto a la ventana, observando la ciudad con las manos en los bolsillos. Cuando se giró para mirarla, había algo desesperado en sus ojos, pero Natalia no dejó que eso la afectara.
Ella alzó una ceja con desdén, cerrando la puerta tras de sí.
—Gracias por recibirme, Natalia —comenzó con voz tensa—. No voy a dar r