El silencio se apoderó del pasillo tras el grito, como si cada persona contuviera la respiración al mismo tiempo.
Simón observó a todos con una sensación creciente de incomodidad en el pecho al notar la connotación de sus palabras.
Había hablado sin pensar, sin medir las implicaciones de sus palabras, y ahora sentía cómo su corazón redoblaba sus latidos ante las miradas incrédulas de aquellos que lo rodeaban.
—Quiero decir… no quiero que se lleven a Nathan así, tan de repente —se corrigió ráp