Simón sintió un escalofrío cuando el niño, con una mirada curiosa e inquisitiva, lo observó detenidamente.
Sin saber por qué, dio un paso adelante, como si algo lo empujara a acercarse y conocer más de ese pequeño desconocido.
—¿Quién eres? —preguntó el pequeño, con una curiosidad genuina que dejó a Simón sin palabras.
Abrió la boca para responder, pero las palabras no le salieron. “¿Qué te pasa?”, se dijo a sí mismo, sintiéndose tonto por quedarse sin palabras frente a un niño.
—¿Eres mudo o