Natalia clavó la mirada en Keiden, con el ceño fruncido y los labios apretados. Sabía que algo no estaba bien.
Él no era de los que se quedaban en silencio sin motivo. Keiden evitaba sus ojos, con las manos tensas a sus costados, como si estuviera sopesando la gravedad de lo que estaba a punto de decir.
—Keiden, por favor, dime qué está pasando —le rogó Natalia, con la voz temblorosa.
Él cerró los ojos por un momento, dejando escapar un suspiro pesado. No quería preocuparla, no en su estad