Isabella estaba sentada en un sofá raído, con la mirada fija en un rincón oscuro de la habitación. Sus ojos hundidos, rodeados por unas ojeras profundas, contrastaban con su piel pálida.
Había perdido peso, y su cabello revuelto caía en mechones desordenados sobre sus hombros. A pesar de su apariencia, sus ojos brillaban con una intensidad perturbadora.
—¿De verdad lo mataste? —preguntó con voz ronca, dirigiendo su mirada hacia Calvin, quien estaba apoyado contra la pared con los brazos cruz