Los días transcurrían apacibles, y Natalia comenzaba a notar un pequeño bulto entre sus caderas que crecía día tras día. Esa sutil evidencia de su embarazo la llenaba de emoción y reforzaba la sensación de estabilidad que había encontrado junto a Keiden, Astrid, Nathan y sus padres.
Por primera vez en mucho tiempo, podía permitirse un suspiro de alivio.
La amenaza constante que había representado Isabella parecía desvanecerse lentamente, aunque el recuerdo de su conversación con Simón seguía