Hailey, quien hasta ese momento había mantenido una expresión de cortesía y serenidad, dejó de sonreír de repente. Su rostro se endureció, y un suspiro pesado escapó de sus labios mientras rodaba los ojos, como si la situación ya fuera demasiado absurda para ella.
–Isabella me conoce del mismo lugar del que yo los conozco a ustedes… al menos a la mayoría –dijo, con una mezcla de cansancio y frustración en su voz, mientras miraba a los presentes.
El silencio fue inmediato. La confusión creció a