El centro comercial estaba aún lleno de murmullos y miradas curiosas mientras Natalia y Keiden esperaban a la policía junto a Nathan.
Todo lo ocurrido se mezclaba en la mente de Natalia como un torbellino, haciendo que su cuerpo se sintiera más pesado con cada minuto que pasaba.
Nathan, todavía aferrado a su madre, miraba a Keiden con ojos llenos de preguntas silenciosas.
—¿Estaremos bien, Keiden? —susurró el niño con voz temblorosa.
Keiden se inclinó para mirarlo directamente a los ojos