Astrid y Daniel intercambiaron una mirada cargada de tensión. Los nervios se palpaban en el aire, pesados y opresivos.
Sabían que no podían mentirle a Natalia, pero también eran conscientes de que decirle la verdad podría desencadenar un torbellino de emociones impredecibles y que perdiera a su bebé como consecuencia.
—Natalia… —empezó Astrid, con voz tensa, intentando encontrar las palabras adecuadas—. No es nada grave.
Natalia ladeó la cabeza, clavando en Astrid una mirada afilada, clarame