Keiden observaba cómo los paramédicos subían a Delia a la ambulancia con movimientos firmes pero cuidadosos. El rostro de la joven estaba algo pálido a pesar de los moretones, y aunque permanecía inconsciente, su respiración se había estabilizado.
A su lado, Mateo se mantuvo firme, con una mano aferrada a la de su amada mientras sus ojos reflejaban una mezcla de miedo y desesperación.
—Delia, mi amor, estoy aquí... —susurró Mateo con voz temblorosa, acercándose más al cuerpo inerte de la jov