Mateo apoyó la frente contra la pared del pasillo del hospital, intentando procesar lo que acababa de escuchar. Keiden había suspirado al otro lado del teléfono antes de soltar la bomba.
—Acabo de enterarme, Mateo —dijo con tono entrecortado—. La noticia me dejó en shock... Ese bebé, posiblemente, podría ser mío.
La mandíbula de Mateo se tensó de inmediato. Enderezó la espalda y llevó una mano al auricular, apretándolo como si quisiera aferrarse a la calma que le faltaba.
—¿Posiblemente? —c