El silencio que dejó Keiden al salir de la habitación se sentía como una losa sobre el pecho de Natalia. Las lágrimas seguían cayendo de manera imparable, mojando las sábanas de la camilla mientras intentaba reordenar sus pensamientos.
Había esperado su enojo, incluso su decepción, pero enfrentarse a esa mirada llena de reproche y tristeza había sido más de lo que podía soportar.
La puerta se abrió de golpe y Delia entró, con el rostro lleno de preocupación.
—¿Qué pasó? —preguntó al acercars