El ambiente en el pasillo del juzgado estaba cargado de tensión, pero también de una curiosidad palpable. Los abogados observaban a Astrid y Daniel con interés, como si acabaran de presenciar el inicio de una intrigante historia.
Uno de ellos, un hombre de cabello entrecano y gafas redondas, se inclinó ligeramente hacia adelante, estudiando a la pareja con una sonrisa burlona.
—Vaya, señorita Morales, no lo esperaba de usted —comentó con un tono que mezclaba sorpresa e incredulidad, mientr