El amanecer se colaba por las cortinas del dormitorio, tiñendo la habitación de tonos cálidos y dorados.
Keiden, ya despierto, observaba a Natalia dormir. Su rostro estaba relajado, con una ligera sonrisa que aún parecía adornar sus labios, recordándole la noche que habían compartido.
Incapaz de resistirse, se inclinó hacia ella, dejando pequeños besos en su frente, luego en la nariz, y finalmente en su cuello.
Natalia soltó un suspiro, moviéndose ligeramente antes de murmurar con voz somno