Daniel cruzó los brazos, su mirada evaluaba a Keiden mientras una sonrisa sardónica comenzaba a formarse en sus labios. Notaba el aire desafiante del rubio, y no pudo evitar un destello de diversión ante lo obvio que eran sus celos.
—Era solo curiosidad. —Su voz sonó relajada, casi despreocupada—. Si ustedes están saliendo, me alegra. Natalia merece estar con alguien que la haga feliz.
Las palabras de Daniel lograron justo lo que esperaba: Keiden frunció el ceño, confuso y ligeramente desco