El olor a desinfectante y el constante zumbido de los monitores envolvían el ambiente del hospital, creando un aura de cansancio que parecía pesar sobre los hombros de Natalia.
Tres días habían pasado desde que Roberto ingresó, y ella apenas había salido del lugar. Una rápida ida a casa para recoger ropa limpia había sido su único contacto con el mundo exterior.
Delia, con su cabello recogido en un moño y su expresión siempre amable, se acercó a Natalia con una taza de café humeante.
—Nata