—Definitivamente no —murmuró Natalia, con la voz lo suficientemente baja como para que solo Keiden la escuchara.
Keiden entrelazó sus dedos con los de ella y le dio un suave apretón, una muestra silenciosa de apoyo. Natalia le devolvió una sonrisa cansada y ambos se sentaron en la sala de espera. Sin embargo, el momento de calma no pasó desapercibido.
Simón los observaba desde el otro lado de la sala, con los brazos cruzados y una expresión que intentaba ser neutral, pero que no podía ocult