Afuera de la casa en llamas, el aire estaba saturado de humo y caos. Natalia no podía apartar los ojos del edificio que devoraban las llamas, sus gritos llenos de angustia resonaban como un eco sobre el ruido de las sirenas y los gritos del personal de emergencia.
La lucha contra Keiden para mantenerla lejos de los bomberos la había dejado exhausta, y aunque su cuerpo temblaba, no era de miedo sino de frustración. Cada segundo que pasaba era como un golpe directo a su alma.
—¡Hagan algo! ¡R