Natalia estaba sentada con las manos entrelazadas en su regazo, intentando calmarse.
Sabía que algo andaba mal desde el primer momento en que empezó a sentirse mareada, pero el resultado de los exámenes superaba cualquier cosa que hubiese imaginado.
Miró al doctor, aún incapaz de procesar las palabras que acababa de escuchar.
—Estás embarazada, Natalia —dijo el médico en tono sereno, como si no acabara de lanzar una bomba sobre su vida.
El corazón de Natalia pareció detenerse por un segundo.