El rostro de Natalia palideció mientras sus dedos temblorosos deslizaban la pantalla de su teléfono. El aire se volvió denso en la sala, y un jadeo escapó de sus labios.
—No puede ser —murmuró con la boca ligeramente abierta, su rostro estaba teñido de un profundo desconcierto.
—¿Qué ocurre? —preguntó Keiden, preocupado al ver el cambio en su semblante.
Natalia dejó el teléfono sobre la superficie de madera con un movimiento lento, casi como si temiera que el objeto la quemara. Empujó el dis