La tensión en el aire era palpable. Isabella, de pie frente a él, lo miraba con una mezcla de desesperación y sufrimiento. Su corazón latía con fuerza en su pecho, y sus palabras se ahogaban en su garganta.
—Simón… —Isabella lo tomó del brazo con manos temblorosas, pero él soltó un resoplido y apartó su mirada de ella, negando con la cabeza.
—No deberías estar aquí —dijo, su voz grave, tensa. El contacto de ella lo hizo sentirse aún más distante. La calidez de sus manos parecía contrastar con e