De vuelta en su departamento, Natalia llamó a Delia mientras inspeccionaba su armario en busca de algo adecuado para la cena.
—¿Cómo van las cosas? —preguntó Delia, con su tono ligero pero curioso.
—Más o menos bien. Me sorprende que Keiden no me haya reclamado nada sobre Simón —dijo Natalia, con un dejo de alivio en su voz—. Fue... diferente, como si realmente confiara en mí.
—Es un caballero, a diferencia del simio de Simón —respondió Delia con un bufido—. Te lo dije, Natalia, Keiden es otro