Mundo de ficçãoIniciar sessãoEvelyn frunció el ceño, dudosa de obedecer las órdenes de un hombre herido.
—Tu condición no es la adecuada para conducir una motocicleta tan veloz, joven amo. ¿Qué pasa si nos caemos? No quiero que mi cuerpo sufra ningún rasguño. Damian resopló y giró el acelerador, haciendo que el motor rugiera con ferocidad en el silencio de la noche. —Todavía puedo ver el camino con claridad. Mi cerebro no tiene una conmoción. Y lo más importante, ¡puedo mantenerme en pie sin problemas, lo que significa que estoy bien! ¡Sube rápido! —¿Estás seguro? —Evelyn seguía evaluando la situación. Sin duda, prefería caminar antes que correr el riesgo de sufrir una caída a gran velocidad. Tenía miedo de romperse los huesos. Si terminaba herida y hospitalizada, Victoria y su padre se pondrían muy felices; la encerrarían en una sala médica y le extraerían tanta sangre Rhesus negativo como pudieran sin que nadie se enterara. —Estoy muy seguro. Soy un piloto de carreras. Caerme de una moto y tener la cabeza ensangrentada es algo cotidiano para mí —sentenció Damian, impaciente. Evelyn finalmente asintió resignada. Caminó hacia el costado de la motocicleta, levantó aún más la tela de su largo vestido rojo e intentó subir la pierna al asiento del pasajero. —Esta moto es muy alta, me cuesta subir... —murmuró en un hilo de voz. —Sujétate de mis hombros. Evelyn asintió y se aferró con fuerza a los hombros anchos de Damian para soportar el peso de su cuerpo. Para mala suerte de Damian, uno de los hombros que ella apretó con firmeza era el mismo que había recibido el golpe del b**e de béisbol. El hombro le palpitó con un dolor insoportable, obligándolo a apretar la mandíbula. Sin embargo, como un hombre de gran orgullo, no emitió el menor quejido. Permaneció en silencio, conteniendo el dolor con el rostro endurecido. —¡Listo! —exclamó Evelyn con alegría cuando sus grandes y firmes glúteos finalmente se acomodaron a la perfección en el asiento trasero. Damian no respondió. Inhaló profundamente, estabilizó el vehículo y comenzó a conducir la gran motocicleta, abriéndose paso por las calles de Londres. Mantuvo una velocidad moderada debido a que no se había recuperado por completo. A mitad del camino, la mala racha de la noche pareció continuar. El aire que antes era frío como el hielo se transformó de repente en una tormenta torrencial. Las gruesas gotas de lluvia empaparon sus cuerpos de inmediato. Evelyn, sentada detrás de Damian, comenzó a temblar violentamente. Sus labios perdieron el color y el frío extremo la obligó por instinto a inclinar su cuerpo hacia el frente, envolviendo con fuerza sus brazos alrededor de la firme cintura de Damian. Escondió el rostro contra la cálida espalda del joven. Damian se quedó atónito por un instante detrás de su casco al sentir el suave cuerpo de Evelyn presionándose firmemente contra su espalda. Una extraña calidez recorrió su pecho, disipando el frío provocado por la lluvia. No se molestó ni protestó por la acción de Evelyn. Solo guardó silencio, permitiendo que la joven se abrazara con fuerza a su cintura durante el resto del trayecto. Minutos después, la gran motocicleta disminuyó la velocidad hasta detenerse justo frente al vestíbulo de un lujoso y elevado edificio de apartamentos en una de las zonas más exclusivas de Londres. Evelyn bajó primero con el cuerpo empapado. Con rapidez, sujetó el brazo de Damian, ayudándolo a descender del vehículo para evitar que perdiera el equilibrio. Evelyn levantó la mirada para observar la imponente edificación frente a ella y luego miró a Damian, quien lucía pálido. —¿Vives aquí? Damian asintió lentamente, reuniendo las últimas fuerzas que le quedaban mientras contemplaba a Evelyn, quien permanecía a su lado completamente empapada, revelando la silueta de reloj de arena que su ropa solía ocultar. —Sí. Entra conmigo —respondió Damian, abriendo una nueva página en el destino de ambos esa misma noche.






