—A ver, ¿qué cosas? —desafió el muchacho y escuchó atento a esa muchacha que tanto adoraba manipular.
—Nuestra relación se acabó, Esteban y siento mucho hacerlo de este modo, pero tengo miedo de acercarme a ti, tengo repugnancia de que me toques otra vez —jadeó y se sintió un poquito más ligera—. Y no te metas con mis padres, ¿oíste? Porque me estoy alejando en paz. Si te metes con ellos, iré con la policía y tengo amigos abogados que ya se graduaron, que estarán felices de mandarte a prisión —r