La jovencita descendió del el auto de Daniela con desconfianza y la invitó a la privacidad de su hogar con un ataque de nervios que apenas comenzaba. No sabía con qué se iba a encontrar en el interior de su casa y tampoco estaba segura de cómo iba explicar su próximo y repentino viaje a la capital.
Su padre la recibió con un cálido abrazo, cosa que no era muy usual en él, e invitó a Daniela a cenar junto al resto de la familia. Alardeó sobre el menú para esa noche y destacó un par de vinos con