—No, Lexy, no tengo hijos y no, no estoy casado —contestó él y se acomodó en la cama para continuar—. Cuando vivía aquí tenía una novia que se llamaba Laura, salí con ella por tres largos años y, cuando entendió que debía mudarme por trabajo, quiso retenerme a su manera —confesó y Lexy se acercó un poquito más—. Me dijo que estaba embarazada y le creí, me ilusioné y soñé despierto por nueve meses. —Se frotó las manos y miró a Bouvier con ternura—. Un poco antes de que el bebé naciera, recibí un