A la mañana siguiente, la pareja se despertó al mismo tiempo y todo gracias a las risotadas de Emma y sus amigas, esas que de seguro seguían divirtiéndose.
Se miraron por largos segundos y, aunque los dos se morían por decir algo, solo se sonrieron y se acomodaron por el amplio colchón, estirando sus cuerpos.
—¿Dormiste bien? —preguntó él.
—Muy bien —contestó ella y se espantó cuando el hombre se levantó desde su posición para tocarle las piernas.
El mentón le tembló y se revisó el aliento con