Al día siguiente cuando Noa se despertó, el sol entraba en la habitación. El cuarto estaba silencioso.
Se quitó la manta y se sentó en la cama. Aún sentía sueño. Al parecer no había dormido lo suficiente.
—¿Qué hora es? —se preguntó y buscó su celular debajo de la almohada.
Al ver la hora, casi gritó del susto.
“¡¿Son casi las doce?! Hoy debo ir al set. ¿Por qué no me he despertado hasta ahora?”, pensó Noa y bajó de la cama a toda prisa.
Al sentir en los pies la frialdad del suelo, se le despe