“La Señorita García es muy amable y tiene buen carácter. Le dije tales cosas y aún puede escucharme tranquila.”, pensó Emma. Entonces se emocionó y empezó a decir las verdades más desagradables sin escrúpulos.
—Luego insistías en abrazar al señor Hernández y decías que solo lo conocías a él y no a Manuel. En aquel momento los ojos de Manuel parecían echar fuego.
Noa no dijo nada y solo escuchaba, así que Emma siguió:
—Pero el señor Hernández tampoco quiso dejar que Manuel te trajera. Por eso los