—Bieeen —respondió la chiquita de mala gana. Luego empezó a comer el pastel.
Mientras comía, Alex notó cómo se movían sus mejillas, lo que le pareció curioso. Acercó su mano para intentar tocar una de sus mejillas, pero de repente ella levantó la cabeza para preguntarle:
—¿No vas a comerlo conmigo?
Alex no sabía qué responder. No le gustaba los dulces. Le había comprado el pastel solo para complacerla. Después de todo, era su cumpleaños. Pero ahora ella lo miraba con mucha esperanza. Alex no qu