Al día siguiente llego a la agencia muy temprano antes que todos los empleados, ni siquiera a Milángela esperé, llegué con mi cara bien lavada, pero con el corazón partido, pero no era el momento de ponerse a llorar, había mucho trabajo por hacer, así que me monte mi delantal de diseñadora y a trabajar.
Me fuí para el taller y entre líneas, papeles, telas y tijeras dejo que el tiempo me atrape, estaba tan absorta en mi trabajo que no escucho a Milángela que me llama.
—Fernanda, F