Hanna
La pizza llegó y muy sonriente le di propina al repartidor, tenía un cartel que ayudaríamos a los perritos y eso en definitiva es muy conmovedor, miro a Pablo que tiene una sonrisa bastante falsa, debe ser que está muy tenso por todo lo que ha sucedido.
—¿Qué tanto me miras? —me fijo que no deja de mirarme y se siente incómodo, muy incómodo—. No dejas de mirarme, ¿No te gusta este sabor? Debo decir que es mi preferido. —Él bajó la mirada, se veía tenso.
—No miro nada Hanna, eres una ni