Capítulo 98 La aparición de Amelia
A la mañana siguiente, la ciudad parecía seguir su ritmo habitual.
Pero para Lissandro Monteiro, el día estaba a punto de torcerse de una forma que jamás habría imaginado.
Llegó al consorcio temprano.
El edificio todavía estaba tranquilo.
El murmullo de las oficinas apenas comenzaba.
Entró caminando con paso firme por el pasillo principal, revisando algunos mensajes en el teléfono, pensando todavía en la cena de la noche anterior, en la sonrisa de su abu