Capítulo 76 El infierno de Luis
Luis estaba parado en el marco con el rostro endurecido, la camisa arrugada, el pelo desordenado y los ojos llenos de una rabia húmeda, cansada, hirviendo bajo la piel.
No la saludó.
No respiró antes de hablar.
—¿No fuiste a verme en todo el fin de semana?
La voz le salió ronca, rota por el cansancio y por una humillación que todavía no terminaba de acomodarse en su cuerpo.
Natalia lo miró sin moverse.
—Estuve ocupada.
Luis soltó una risa amarga, breve, co