Capítulo 146 La firma que puede salvarlo todo
El guardia quedó apostado a un costado de la puerta, transformado en una estatua de uniforme que mantenía la vista perdida en el vacío. La sala de visitas seguía sumergida en un silencio, un espacio detenido donde solo existían ellos. Jorge aguardaba del otro lado de la mesa, con el brillo frío de las esposas recordándole el peso de sus decisiones. No esquivó la mirada, ni buscó el refugio de la hostilidad.
—Tengo una condición —soltó al fin, dej