Lissandro parpadeó casi sin creerlo.
—¿Ocho?
Ofelia cerró los ojos.
—Te dije que venía desde la mañana.
—No, no me dijiste. Eso es justamente el problema.
Gianni levantó una mano.
—Discutan después. Ahora esto va rápido.
Nada fue como lo habían planificado en las clases de parto.
Nada.
No hubo música suave elegida por Ofelia.
No hubo tiempo para ordenar la habitación como Lissandro había imaginado.
No hubo bolso al lado de la cama hasta que Rodrigo y Diana llegaron casi sin aire con