CAPÍTULO 213 Lo que más dolía
La sala del juzgado estaba en silencio escuchando a la mujer que había jugado con una hija de él.
Lissandro permanecía sentado junto a Ofelia mientras observaba a Amelia Giménez del otro lado de la sala.
La mujer ya no parecía la misma
Ni la misma que aparecía una y otra vez en los expedientes.
Se veía cansada.
Asustada.
Desgastada.
Y cuando comenzó a hablar, la tensión se volvió todavía más evidente.
—No puedo seguir en esa cárcel.
Su voz tembló.
—Me van a matar.