Mundo ficciónIniciar sesiónIsabella seguía acostada en su cama, con el rostro pálido y marcado por lágrimas. Cada pocos segundos se limpiaba las mejillas, intentando calmar el dolor en el pecho. Ni siquiera se dio cuenta cuando Max apareció de repente en su habitación.
—Max —jadeó, secándose rápidamente las lágrimas—.
Se







