Esa Noche
El reloj ya marcaba las 11:45 p.m., pero Isabella no lograba conciliar el sueño. La inquietud pesaba sobre su corazón y su mente estaba enredada en un sinfín de pensamientos.
De repente, su teléfono sonó con fuerza sobre la mesita de noche. Sobresaltada, Isabella se incorporó y lo tomó rápidamente. El identificador de llamadas mostraba “Mamá”. Sin dudarlo, contestó.
—Hola, Isabella.
—Sí, mamá. ¿Por qué llamas tan tarde? —preguntó Isabella, desconcertada.
—¿Puedes venir a quedarte conm