Un Mes Después
Un mes pasó en un parpadeo.
Aquella tarde, Isabella estaba ocupada cocinando en la cocina. Se recogió el cabello en una coleta, se puso un delantal y se secó el sudor que le brillaba en la frente. El calor era casi insoportable, especialmente porque la tía Anita, la ama de llaves, no había podido venir durante varios días por enfermedad. Así que Isabella tenía que encargarse de toda la casa por sí misma.
En medio de su cocinado, un golpe repentino en la puerta la hizo sobresaltar