10

Isabella permaneció sentada en la cama, demasiado perezosa para levantarse. Después de un momento, volvió a recostarse, pero al final se obligó a ponerse de pie. Mientras se recogía el cabello y vagaba sin rumbo por la habitación, chocó por accidente con Max, que acababa de salir del baño.

Por segunda vez, Isabella se encontró cara a cara con su pecho desnudo. Su rostro se puso rojo como un tomate y dio media vuelta enseguida, negándose a mirarlo.

—¡Ponte la camisa de una vez! De verdad debería
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