106. Es mi prometido
Satarah respiró profundo dejando a un lado los pinceles.
Miró el lienzo que casi terminaba apretando la mandíbula. Había dejado que su mano se moviera hasta crear la cara pequeña de una niña.
Desde siempre se había preguntado cómo era su hija, la imagen frente a ella casi terminada la había llevado a dibujar a su hermana Natalya, como la recordaba desde pequeña pero lo que la hizo contener el aliento fue ver que apenas acababa de darse cuenta de lo increíblemente parecida que se veía con Ava.