Punto de vista de Sofía
Al escuchar esas palabras salir de su boca, me levanté de inmediato del sofá, con el corazón latiéndome con fuerza por la incredulidad.
—¿Hablas en serio? —pregunté con voz temblorosa, una mezcla de conmoción y furia espesando mi tono.
Adrián permaneció allí, sereno frente a mi enojo, con la mandíbula tensa como si se preparara para lo que vendría.
—No voy a hacer nada parecido, Adrián —escupí con la respiración entrecortada—. Este es nuestro hijo. ¿Cómo puedes decir algo así tan fácilmente?
Su rostro se endureció. —¿Entonces qué exactamente quieres que haga? —exigió con voz fría y autoritaria. Extendió la mano, agarrando mi brazo con firmeza, como intentando atarme físicamente a su punto de vista.
Aparté mi brazo bruscamente, fulminándolo con la mirada. —No quiero nada de ti, Adrián. Solo quería que apoyaras a este bebé junto conmigo —dije, con la voz quebrándose bajo el peso de mi convicción.
Suspiró profundamente, con frustración impregnando su tono. —Sofía,