Punto de vista de Sofía
Mi respiración se entrecortó. Alejandro. Por supuesto que era Alejandro.
El ramo de rosas carmesí descansaba delicadamente en mis brazos, y los pétalos suaves rozaban mi piel como seda. La fragancia dulce y embriagadora se mezclaba con el leve aroma a café que persistía en el aire de la oficina. Contemplé la nota anidada entre las flores, la tinta negra y audaz grabada en el papel color crema exigiendo mi atención.
Esperanza se asomó por encima de mi hombro, con curiosidad brillando en sus ojos mientras leía la nota.
—Vaya. Eso sí que es un gesto grandioso —dijo, con voz teñida de diversión—. Entonces... ¿qué vas a hacer?
Permanecí en silencio, el conflicto dentro de mí giraba como una tormenta. Alejandro siempre había tenido una manera de tocar las fibras de mi corazón, pero después de todo lo que había pasado, ¿podría un ramo de rosas y una disculpa bien redactada realmente arreglar las cosas?
—No lo sé —admití en voz baja, sintiendo el peso de la indecisión a