Punto de vista de Sofía
Abrí los ojos mientras un cegador rayo de sol atravesaba las cortinas y caía directamente sobre mi rostro. Mi cerebro tardó una fracción de segundo en reiniciarse y reconocer mi entorno. Estaba en la cama. Mi cama. Una oleada de alivio me invadió mientras observaba los pósters familiares en la pared y los libros desordenadamente apilados en mi mesita de noche. Estaba en casa.
Un dolor pulsante, como si un pequeño equipo de construcción estuviera de fiesta dentro de mi cráneo, se hizo notar. Gemí, incorporándome lentamente mientras mi cuerpo protestaba por el movimiento repentino. Pasé los dedos por mi cabello enredado, intentando alisarlo, un esfuerzo inútil.
Entonces, los fragmentos perdidos de la noche anterior comenzaron a parpadear en mi memoria, como un letrero de neón defectuoso. El club, la música, Alejandro... y luego... nada. Un agujero oscuro y enorme en mis recuerdos. El pánico empezó a burbujear dentro de mí. Aparté el edredón de mi cuerpo y la sangr